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Frontera D / Mis 5W: Who (2.1) Renacimientos / Prometeo en Malasaña

Mis 5W (2) Who

2.1 Renacimientos / Prometeo en Malasaña

"La tragedia es un momento y la vida que resiste es todo el resto". Patrizia Cecconi

A mi madre le gusta decir que yo he nacido tres veces. La segunda fue justo después de la primera, cuando, siendo un recién nacido de prominente frente y gesto determinado, una enfermera incompetente confundió el suero que tenía que administrarme oralmente con un líquido anestésico. Según el relato paternal, a pesar de mi enconada y en principio incomprendida resistencia a ingerir aquella sustancia, terminé perdiendo la consciencia, algo poco recomendable para un neonato. Me salieron unos bultos oscuros en la piel por el narcótico ingerido pero, tras despertar empapado en sudor, seguí negándome con instintiva terquedad a tomar las cucharaditas que insistía en darme la incompetente sanitaria hasta ponerme cianótico por la cerrazón de mi organismo a seguir ingiriendo aquel estupefaciente fatal. 

Afortunadamente mis padres se acabaron dando cuenta del error a tiempo y pude salir de aquello. Fue mi primer coqueteo con la parca y probablemente el primer resacón de mi vida. Por lo visto la torpe enfermera fue despedida, lo que algunas veces me ha dado cierta culpa, al menos durante unos segundos.

La otra ocasión en que estuve a puntito de caramelo fue aquella maldita tarde de finales de mayo cuando fui a Burgos con mi moto a ver a unos amigos que vivían allí. Tras llegar a su piso los saludé y uno de ellos me pidió que le diera una pequeña vuelta por la urbanización en las afueras donde vivían. Tras dejar mi casco porque no teníamos otro, bajamos a por la moto. Mientras circulábamos tranquilamente por la solitaria urbanización junto a un coche que iba algunos metros por delante de nosotros, en el carril paralelo a nuestra derecha, éste dio un súbito volantazo a la izquierda cruzándose inopinadamente en nuestro camino. En mis últimos recuerdos, frenar a tope sabiendo que el impacto era inevitable y un ínfimo conato de consciencia de que a partir de ese momento brevísimo mi vida iba a cambiar, para siempre. 


Azares

Como suele pasar cuando un vehículo biciclo choca de frente con un obstáculo atravesado en medio de la carretera, el impacto hizo que yo saliera por los aires, chocando contra el coche y cayendo después contra el asfalto donde quedé inconsciente. Los dos funestos individuos que viajaban en el coche se quedaron allí parados, como dos gilipollas, sin hacer nada, viéndonos tirados, a mi amigo gritando en el suelo con un brazo roto y yo derrumbado, en silencio. Dañadas gravemente mi arteria y vena subclavias derechas, me desangraba en el asfalto. La vida se me iba a borbotones en esa puta carretera.

Afortunadamente, en ese momento varios benéficos azares conspiraron para que ahora mismo pueda estar escribiendo esto. Uno, que un tipo desde lo alto de una construcción cercana había visto toda la escena y él sí avisó a Emergencias. En pocos minutos desde el Hospital General Yagüe (el nombre lo único reprobable), que afortunadamente -dos- estaba cercano pudo llegar una ambulancia a recogernos, justo a tiempo -tres- para sacarme de un primer shock hipovolémico por pérdida de sangre. Otro shock sucedió entrando en el hospital pero ya lograron sacarme de él los del equipo de cirugía vascular que estaban de guardia.

Rápidamente me cortaron un trozo de vena de mi fémur izquierdo, y pudieron empalmar con ella los vasos sanguíneos dañados tras romper mi clavícula derecha para poder acceder internamente y así realizar el injerto sanador. Gracias a esta operación pudieron parar la hemorragia y logré superar mi crítico estado. Y también gracias a las enfermeras de la UCI donde estuve varios días, dándoles bastantes problemas. 

Cuando desperté de la operación mi mente funcionaba errática, sin recordar lo ocurrido, deliraba, no entendía qué hacía allí, que me ocurría, pensaba que me habían secuestrado, no sabía por qué tenía mi brazo derecho inmovilizado, me quitaba los tubos de respiración, perdí los nervios y tuvieron que atarme a la camilla, lo que provocó una cascada de blasfemias e insultos por mi parte. Lo siento chicas, aquel no era yo...

Al cabo de cinco días pude recuperar la razón, salir de la UVI, pasar a Planta y conocer el alcance de mis lesiones. Aparte de algunas costillas rotas, fractura interna de la mandíbula y el mayor chichón que se puede tener en la cabeza sin que derive en fractura craneal, me comunicaron que había sufrido una flexopatía, una gravísima lesión en el plexo braquial de resultas del choque contra el coche y posterior caída sobre el hombro, una lesión común en motoristas accidentados.


El plexo braquial conecta el sistema nervioso central con el periférico, llevando las señales nerviosas desde la médula a los músculos de las extremidades. Varias de mis raíces nerviosas cervicales habían sufrido lesiones, se había producido un arrancamiento de algunas de las fibras nerviosas que salen de la médula que afectaba a las raíces cervicales C6, la C7, la C8 (la única que se arrancó entera) y la T1, la primera dorsal. Por eso apenas podía mover mi brazo derecho y por eso sentía en él unos dolores tan extraños y tan cabrones, era la presentación en primera persona del dolor neuropático. Lo que aún no sabía es que, corregidos y aumentados a través del paso del tiempo, esos dolores entrarían a formar parte consustancial de mi ser y me acompañarían probablemente el resto de mi vida.


Dictante Dolore. En la tierra del dolor

Tras dos semanas en planta en el hospital y pedir el alta para terminar de recuperarme físicamente en casa, viajamos a la ciudad suiza de Lausanne donde me operó un especialista en estas lesiones para intentar reparar algunas de las conexiones rotas, encauzando los nervios desde la médula para que en su lentísimo crecer fueran reinervando los músculos correspondientes del brazo para al menos poder recuperar la pinza de la mano. Esa época de choque post-trauma, depresión galopante y lacerantes dolores fue claramente la peor de mi vida. 

Con el tiempo pude recuperar músculos del brazo pero no del antebrazo, lo que me ha complicado bastante la vida, física y psicológicamente. Porque además el dolor, el puto dolor, los distintos dolores, han permanecido siempre conmigo como indeseables compañeros de vida, impertérritos, impredecibles, casi invulnerables, manifestándose cada día, cada hora, cada minuto, la única diferencia es la intensidad y en qué zona del antebrazo y la mano los siento. Desde el dolor de guardia que por defecto embute mi mano en un guante tres tallas menor a la tenaza que machaca incansable los nudillos, o el que atrapa mis dedos en los goznes de una puerta que se abre y cierra o "el de la C8", una insufrible tortura que me desgaja el exterior del antebrazo desde el meñique hasta el codo, una picana eléctrica que recorre incansable ese trayecto desquiciándome con insoportables calambrazos de 20-30-40 interminables segundos cada 2-3 minutos, y así puede estar durante horas, destruyéndome por dentro.


Los dolores neuropáticos son muy difíciles de paliar de por sí, pero los que provienen de una flexopatía más aún ya que son dolores reflejos, es decir, en mi caso, los siento en la mano y el antebrazo derechos pero no se producen ahí, se generan en las cicatrices que dejaron en la médula las fibras nerviosas al desgajarse. Es decir, los seguiría sintiendo aunque hubiera perdido el brazo. Son como los chispazos que brotan de un cable de la luz al ser arrancado de un tirón y su perverso resultado es que se produce dolor donde antes se generaba movimiento y sensaciones. Como expresaba el escritor francés Alphonse Daudet en su muy recomendable libro autobiográfico 'En la tierra del dolor' (en el que relataba los terribles padecimientos derivados de una tabes dorsal, una variante de neurosífilis), "no hay palabras que puedan expresarlo, se necesitan gritos".

El advenimiento del dolor crónico te convierte en un ser traumado, anhelante y poco divertido, mientras entra, al asalto, a formar parte de tu vida, de ti mismo, como un döppelganger malvado que intenta continuamente tomar el poder en tu pensamiento. Sin embargo, al poco tiempo tu dolor cotidiano deja de ser noticia para la gran mayoría de personas con quien te relacionas y por tanto, motivo de solidaridad y cuidados, e inevitablemente empiezas a notar como la compasión de los otros, con escasas excepciones, se va embotando. Como escribe Daudet: "Dolor, siempre nuevo para el que lo padece y que va pareciendo trivial a quienes lo rodean. Todos se acostumbrarán a él menos yo." 

Esta percepción heladora añade pesar al sufriente, que intenta aprender a no exteriorizarlo para no leer en otros rostros el cansancio o la incomodidad por una repentina situación malrrollera, lo que le lleva a, si está en público y le resulta imposible apartarlo mentalmente y no retorcerse, buscar una privacidad donde pueda sufrir a gusto.

Los dolores pueden aparecer por sorpresa, o a veces es un cambio de posición o un leve movimiento de cuello lo que desencadena las crisis o, sin mediar causa ninguna, se abalanza sobre mí estando durmiendo, convirtiendo literalmente mis sueños en pesadillas, martirizando y mediatizando mis días y noches y sólo puedo paliarlo, en parte, enganchado a elevadas dosis de fentanilo. Pero en demasiadas ocasiones ni siquiera los opiáceos pueden con él y me inunda el cuerpo y el cerebro de un sufrimiento brutal, desquiciante, que me puede inhabilitar durante horas. La marihuana me ayuda cuando el dolor no es muy intenso, su labor difuminadora me ayuda a mantenerlo mentalmente en segundo o tercer plano de pensamiento y así intentar no exteriorizarlo pero, cuando está en modo despiadado y el THC no puede con él, puede llegar a ser contraproducente ya que la intensificación de sensaciones propias del cannabis puede magnificarlo y llenarme el cuerpo, el cerebro, de un dolor negro, abismal, todopoderoso.


Los estímulos dolorosos que se mantienen en el tiempo exigen una alta atención diaria que agota la energía física y mental y obviamente afecta  rendimiento cerebral, pudiendo provocar importantes reacciones emocionales que potencien el sufrimiento que lleva asociado, afectando a todas las áreas vitales (laborales, emocionales y sociales) de las personas que los sufren. 

Quien padece dolor crónico se encuentra pues con un atolladero vital del que le será imposible salir, es una maldición de carácter casi mítico como la de aquel Prometeo, osado Titán que, tras robar el preciado fuego (símbolo de la vida, la energía y la inteligencia) de los dioses para entregárselo a los humanos, aquellos, siempre picajosos con sus cosas de divinidades, le condenaron a ser encadenado a una roca en una montaña del Cáucaso, donde todos los días sería visitado por un águila que le comería el hígado. Debido al carácter inmortal de Prometeo la víscera se regeneraría para, al día siguiente, volver a ser devorada por la hambrienta rapaz y así para siempre, a mayor gloria del dolor perpetuo

Afortunadamente para él, el mito continuaba con un deus ex machina de libro en forma de la llegada de Heracles, hijo de Zeus, que pasaba por allí de camino al Jardín de las Hespérides, fue donde Prometeo se hallaba y compadeciéndose de él mató al águila de un certero flechazo. Esta hazaña de su hijo logró hacer recapacitar a Zeus sobre el castigo a Prometeo, consintiendo en liberar al desdichado de su cruel destino. Eso sí, siempre habría de llevar con él un anillo con un fragmento de la roca a la que estuvo encadenado para no olvidar aquellos tiempos de sufrimiento atroz 

Sólo espero que algún día gracias a los avances médicos en regeneración de nervios se puedan reparar en mi médula las conexiones nerviosas dañadas, hasta entonces seguiré encadenado a mi tormento diario como indeseable compañero de vida, siempre conmigo, retorciéndome por dentro, el puto dolor siempre detrás mi pensamiento, de mis palabras, semper dictante dolore

FronteraD / Mis 5W (1) Why?

1. Why (Por Qué)

"La categoría moral e intelectual de una persona puede medirse por cuánta verdad es capaz de soportar" Santiago Beruete

Llevo mucho tiempo queriendo escribir la presentación de este espacio que generosamente me ha cedido FronteraD en sus entrañas cibernéticas para hacerme un huequito en su vasto y erudito universo cultural. Desde que primero Alfonso y luego Emilio me invitaron hace más de un año a formar parte de su proyecto nunca pude ofrecerles más que vagas explicaciones sobre lo que estaba preparando para comenzar mi cooperación con ellos. Iba a los actos y reuniones fronteradenses para ir conociendo a las personas detrás de los textos, sintiéndome feliz sólo con compartir con ellos y ellas un mismo techo, con ir conociendo y charlando con tanta gente multitalentosa, el clásico pegarse para que se te pegue. Pero a cabo de algunas reuniones me di cuenta de que el tiempo pasaba y seguía sin inaugurar mi blog y por tanto seguía sin pertenecer de pleno derecho a esta conspicua casa común. Así que decidí dejar de acudir a las reuniones hasta que no pudiera hacerlo como miembro de pleno derecho, con mi blog activado y produciendo valor añadido para la causa. 

¿Preferiría no hacerlo?

Nunca he publicado nada para otros la tarea de presentarme de forma digna en un escenario de la enorme dimensión cultural de FronteraD, para crear algo que fuera diferencial, algo representativo de lo que yo puedo aportar, se me convirtió en una cumbre himaláyica, pensando cómo escalarla pero sin decidirme a hacerlo, mirando sus alturas desafiantes, resoplando, deslumbrándome con el sol reflejado en sus formidables neveroscalculando el esfuerzo necesario para una escalada sin sherpas que me ayuden, chequeando cuerdas y piolets, acumulando mapas y suministros, bloqueado en campo base por la enorme carga de trabajo autoimpuesta, intimidado por el miedo escénico y la presión de mi vacilante autoestima.

Con la mente centrifugando pensando qué contenidos incluir y qué no, qué enfoque dar, cuánto de mí debería haber en lo que publicara y cómo debería presentarlo, pero sin decidirme a trabajar en ello realmente. Sin focalizar ni ordenar mi pensamiento, en ese improductivo cavilar iba dejando pasar los días, las semanas, los meses, las estaciones, procrastinando lamentablemente el trabajo que debería ser más fácil para mí, presentar lo que hago, lo que soy, ante unas personas inteligentes que me habían invitado a hacerlo.


Esta nueva y desafiante tarea introductora que he ido construyendo a través de mis propias 5W (los grandes interrogantes del periodismo aplicados para autodefinir mi trabajo y mis circunstancias existenciales), se encontró con una formidable acumulación de trabajo en mi propio blog (1017 entradas en elaboración y subiendo..), lo que me ocasionó un descomunal atasco mental y emocional que hizo descarrilar mi creatividad, conduciéndome a un estado de perplejidad e inacción que no sabía cómo superar. Mis jornadas laborales pasaban fugaces aunque fuera sólo manejando las informaciones del día, intentando escapar del dolor y cuidando a mi familia felina, mientras la desidia minaba mi capacidad de trabajo y una nube negra como un mal presagio se iba condensando encima mío.

Bloqueado psicológicamente, desmoralizado, no sólo no comenzaba mi bitácora en FronteraD sino que mi propio blog languidecía de inactividad y mi web, donde todo el contenido del blog es ordenado, lucía -aún luce- desactualizada, sin haber incluido en ella los posts publicados en los últimos meses. Inmerso en un prolongado estado carencial que me ha llevado seriamente a sopesar reconocer mi fracaso, mi incapacidad para crear nada más dirigido a otros y simplemente dejarlo, limitándome al goce concupiscente en la adquisición de mis dosis diarias de nuevo conocimiento o intentando afianzar el anteriormente aprendido, pero sin trabajarlo en la creación de nuevos contenidos para que alguien, en alguna otra parte, pueda participar de ello. Yo mismo me iba enredando en mis propias excusas, incumpliendo todas las fechas límite que me he iba marcando, enfangándome en una rasputitsa de autocompasión y de angustia producida por la sobrexposición a los desastres del mundo, emocionalmente exhausto, mirando mi desesperanzado reflejo en la pantalla del ordenador.

En uno de los documentales clásicos sobre el cambio climático antropogénico 'The Age Of Stupid' ('La era de la estupidez' - Franny Armstrong y John Battsek, 2009) el ya finado actor Pete Postlewaite (el padre de la película 'En el nombre del padre') interpretaba al único habitante de una inmensa plataforma flotante en el Mar del Norte, alejada de un arruinado mundo postapocalíptico en el año 2055. En sus enormes almacenes y potentes servidores electrónicos estaban guardados todas las artes y saberes de la Humanidad, junto a ejemplares disecados de cada especie animal que había habitado el planeta, una suerte de arca-reservorio natural e intelectual del Antropoceno, un gigantesco archivo documental con todos los acontecimientos climáticos y civilizatorios pretéritos provocados y desoídos por la raza humana que anunciaban, a comienzos del siglo XXI, el cercano colapso del planeta apenas unas décadas después.

Su melancólico personaje contemplaba imágenes catastróficas de un mundo a principios del siglo XXI en el que el cambio climático llevaba ya tiempo manifestándose virulentamente por todo el planeta y se planteaba la obvia cuestión de por qué no se hizo nada para evitarlo cuando aún se estaba a tiempo. Algo así me siento yo en este mi diario devenir compilador que dura ya algo más de una década, en la desolación que se me va filtrando en el espíritu mientras me hago más consciente no sólo de la de las cada vez más dañinas y ya irreversibles manifestaciones de la crisis climática global sobre los ecosistemas de todo el planeta, también de las otras inenarrables devastaciones diarias sobre las que están construidas las civilizaciones humanas y de que esta gran extinción, en la que estamos y hemos provocado, la sexta, la que acaba con 150 especies al día, la que puede hacer desaparecer un millón de especies de flora y fauna en las próximas décadas por causa de la codicia y la estupidez humanas, está en marcha y parece que eso a poca gente realmente le importa. Todo ello acabará con nosotros y nos maldecirá y condenará como especie, como la más inteligente y a la vez la más dañina y estúpida que ha pisado este planeta, lo puto peor de la evolución. La economía y los memes resistirán un tiempo, pero antes, sin darnos cuenta, habremos perdido el alma.

Mis cosas

Cuando siendo niño le decía a mi madre que a los cuarenta quería dejar de trabajar y dedicarme a mis cosas, en aquellos momentos ese difuso concepto se refería a tener una vida adulta cómoda, sin aprietos económicos ni lujos aparatosos, con una linda casa en la que hubiera animales, muchos libros y se escuchara alta la música, con el tiempo suficiente para seguir leyendo y releyendo, para seguir viendo cine y documentales, valiosísimo tiempo para seguir aprendiendo, exponiendo mi espíritu a ese conocimiento adquirido y por adquirir, una vida en la que amara y desamara a otras personas según fueran sucediéndose mis circunstancias sentimentales, eso ya se vería, pero el aprendizaje era innegociable y sobre esa premisa esperaba construir mi vida. 

Entonces no podía imaginar que en ese futuro no sólo tendría a mi disposición ese tiempo imaginado, sino también ordenadores y algo como Internet y sus buscadores, itunes, Spotify y sus infinitas posibilidades. Algunas décadas después este sueño se ha convertido en realidad, pero el precio que pago cada día por ello es otra cosa, ya se sabe lo que tienen las plegarias atendidas.

Frontera D / Intro


Introducción a un blog, a una persona

Segoviano que se vino a Madrid, autodidacta, diletante, anarcomadridista y abnegada mamágato. Proceso información, música y emociones. Creo en el conocimiento y la empatía como únicas formas de salvar el mundo. En una vida anterior, hace once años, trabajaba como consultor SAP hasta que en septiembre de 2008, con el corazón roto y el sistema financiero mundial colapsando, decidí dejar mi trabajo, comprar un cuadro fascinante, incorporar un gato a mi vida y empezar a trabajar en una obsesión, un proyecto vital inabarcable e irrenunciable que se ha ido sustanciando en un blog, Vida y Tiempos del Juez Roy Bean, del que ahora abrimos agradecida franquicia en este descomunal artefacto cultural que es FronteraD.

En este blog mostraremos las turbulencias de la política nacional y la internacional, las guerras, las putas guerras, los estupores y temblores de las sociedades humanas. A través de artículos y documentales intentaremos mostrar cómo está organizado el mundo, las disfunciones de la globalización y el capitalismo neoliberal, los incontables efectos mariposa que se generan cada día por todo el planeta conectando realidades muy distintas, los resortes de poder intrínsecamente perversos que se activan por todo el mundo para que las cosas sucedan de una forma u otra, para que el poderoso pueda ejercer su poder sobre el más débil, para que la codicia pueda a la solidaridad, para que el humano siga exprimiendo a sus congéneres y a la Naturaleza.


Pero también mostraremos la lucha de muchas personas para intentar cambiar las cosas a mejor por todo el planeta, un planeta que se recalienta más cada año y sigue quemando etapas hacia un colapso climático, ecológico y por ende civilizatorio, más o menos cercano, probablemente antes de 2040, muy probablemente antes de 2050. Me encantaría equivocarme pero me temo que no, en todo caso aquí queda escrito mi agorero pronóstico.

Por supuesto, este espacio se impregnará de mi ecologismo militante, de mi animalismo vital, de mi lucha particular como activista medioambiental según mi propios medios y capacidades, de mi alma rendida a los esplendores incomparables de la Naturaleza y quienes la habitan junto a nosotros, los animales, mis queridos animales, a los que siento tan dentro, sin los que no podría vivir, los que aún subsisten salvajes a pesar de nosotros, los afortunados que amamos en nuestras casas pero también los desdichados que malviven esclavizados para nuestro entretenimiento y aquellos que tienen vidas y muertes miserables con el objetivo de alimentar, con plus de sufrimiento, a la siempre voraz Humanidad. Todos ellos frecuentarán este blog en distintas ocasiones, con toda su belleza e inocencia. Y también habrá mucha música, la mejor música, que nos reconfortará el alma mientras transitamos nuestro camino hacia el fin.