Estupor y Temblores (52) Málaga 1937: La carretera de la muerte


'Nuestros valientes legionarios y regulares han demostrado a los rojos cobardes lo que significa ser hombre de verdad. Y, a la vez, a sus mujeres. Esto es totalmente justificado porque estas comunistas y anarquistas predican el amor libre. Ahora por lo menos sabrán lo que son hombres de verdad y no milicianos maricones. No se van a librar por mucho que berreen y pataleen'. General Gonzalo Queipo de Llano.

El domingo 7 de febrero de 1937, hoy se cumplen 80 años, las bombas caen sobre Málaga desde el aire y desde el mar. El gobierno republicano ha decidido que Málaga no es prioritaria y la abandona a su suerte. Las autoridades encargadas de defenderla, con el coronel José Villalba Rubio al frente, deciden salvar el culo y darse el piro, requisando vehículos si es necesario. La población civil empieza a evacuar la ciudad a pie a primera hora de la tarde tomando la única salida disponible, la carretera de Málaga a Almería.

El único militar que no deserta y permanece en Málaga hasta el último momento, intentando mantener el orden y destruyendo los barcos para evitar que caigan en manos fascistas y de paso bloquear la acción naval en el puerto, es el comandante de la base naval, el ferrolano Baudilio San Martín García, que acabará muriendo en el exilio francés. La única autoridad civil que permanece en su puesto es Eugenio Entrambasaguas Caracuel, alcalde republicano de Málaga que durante la guerra ha salvado centenares de vidas de gentes de derechas. Lo fusilan el 6 de marzo junto a 93 ciudadanos más.

El 8 de febrero las tropas fascistas ocupan Málaga. Alrededor de 100.000 personas de toda la provincia y de otras partes de Andalucía que se habían refugiado en la ciudad atestan la carretera que lleva a Almería bordeando la costa. Son 250 kilómetros a pie bajo los vuelos rasantes de la aviación italiana y alemana ametrallando y bombardeando a una población civil exhausta, mientras tres barcos de guerra cañonean a los refugiados desde el mar.

Más de 4.000 personas serán asesinadas en ese éxodo. El cirujano canadiense Norman Bethune estaba allí, con su unidad móvil de transfusiones de sangre. Durante tres días sin dormir, junto a sus ayudantes Hazen Sise y Thomas Worsley, utilizan sus ambulancias para evacuar heridos y prioritariamente niños. Dejó estremecedor testimonio en su relato 'La carretera de Málaga':

'Los hombres se tambaleaban bajo anchos sombreros, las mujeres iban tras sus huellas titubeando, los niños llevaban únicamente calzones o braguitas, sus cuerpos semidesnudos calientes bajo el sol. Había familias enteras caminando juntas, acarreando unas pocas pertenencias elementales. Daban la impresión de haber surgido de la tierra. Eran como sombras deslizándose de ninguna parte a ninguna parte.



La llanura se extendía en la lejanía hasta donde nos alcanzaba la vista, y atravesándola, en el lugar donde debería haber estado la carretera, veinte millas de seres humanos serpenteaban como una oruga gigante. Si eran de Málaga llevaban andando por lo menos cinco días con sus cinco noches. ¿Era posible? Aquella señora anciana con úlceras abiertas en las piernas, ¿podía haber sobrevivido cinco días y cinco noches a cielo abierto? Y los niños... de todas las edades, la mayoría descalzos... ¿era posible asimismo que hubieran sobrevivido?

Los aviones bajaban en picado hacia la carretera, con tanta indiferencia como si practicaran tiro al blanco, sus ametralladoras tejían intrincadas formas geométricas sobre los refugiados que huían.

En una casa destripada me encontré a una niña lloriqueando bajo una pila de pesadas vigas. Debía tener unos tres años. Aparté las vigas y me la llevé en brazos hasta dar con una ambulancia. La dejé en la camilla, pensando que sería mejor que muriera, porque aunque su cuerpo tullido sobreviviera, la luz de la razón se iría de sus ojos de niña... Sentí el cuerpo tan pesado como el de los propios muertos. Pero vacío y apagado.

¿Dónde están la clemencia y la conciencia de un mundo que enferma sin remedio? Palabras... ¡bah! por todas partes aluviones de palabras orondas, y bajo el aluvión, aquí, en la carretera de Málaga, los perdidos y los condenados. Si al menos tuviera unos miles de pares de manos, y en cada mano mil armas mortales, y para cada arma mil balas, y cada bala asignada a un asesino de niños... entonces sabría cómo expresarme'.

Mientras, en Málaga capital, entre ese 8 de febrero y final de año serán fusiladas unas 2.500 personas bajo la batuta de Carlos Arias Navarro. Los fusilamientos en toda la provincia continuarán hasta 1944. En la fosa común del antiguo cementerio de San Rafael se han contabilizado más de 4.500 cuerpos. Es la mayor fosa común en Europa occidental. Sobre la fosa número 8, que albergó un millar de cuerpos, el gobierno municipal del PP, al que apoya Ciudadanos, instaló el año pasado un pipi can. Sí, se nos mean encima y se cagan en nuestros muertos.

(Las fotografías las hizo a pie de carretera Hazen Sise, arquitecto graduado en el Instituto Tecnológico de Massachusetts que había trabajado para Le Corbusier, ayudante de Norman Bethune y jefe de recaudación de fondos para el Comité de Ayuda a la Democracia Española que recorrió los frentes de guerra en su ambulancia, tomando esas imágenes para que no hubiera olvido)

Toni Álvaro

La memoria recobrada - La carretera de la muerte (Alfonso Domingo, 2006)

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