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Estupor y Temblores (63) Bolsonaro, o el horror


Ganó Bolsonaro las presidenciales de Brasil y un escalofrío nos recorre el espinazo. Su elección confirma las encuestas previas y también que la realidad siempre puede ir a peor, a mucho peor. Por la geopolítica del mundo campa el populismo neofascista encumbrando como gobernantes a auténticos despojos morales cada vez en más países, cada vez más poderosos. Desde los Estados Unidos de Trump, la China de Xi Jinping, la Rusia de Putin, la Turquía de Erdogan, la Italia del ministro Salvini, la Hungría de Viktor Orban o las Filipinas del demente Duterte, entre otros (en Francia Marine Le Pen y en España Pablo Casado andan amenazando), el fascismo de nuevo cuño se extiende por todas partes. De los países de Oriente Medio ni hablamos. Y ahora, ay, el gigante latinoamericano Brasil y el infame Jair Bolsonaro.

Racista, homófobo, machista, (todo en grado sumo), nostálgico de la dictadura militar que atormentó el país entre 1964 y 1985, a la que sólo reprocha haber torturado mucho pero asesinado poco, este apóstol del odio ha sabido capitalizar el hartazgo de los brasileños con la mala situación de la economía, la inseguridad y las corruptelas del PT, que gobernó 13 de los últimos 15 años.

Con el apoyo del cada vez más poderoso movimiento evangelista y a través de una campaña mayormente digital basada en la calumnia y desinformación ha hecho creer a casi 58 millones de brasileños que él podrá acabar con la delincuencia y la corrupción sistémicas que arrastra el país desde hace décadas, así como salir de la crisis con un paquete de reformas de corte neoliberal.



De primeras Bolsonaro ya ha prometido reducir la edad penal a los 16 años (aunque en principio propuso 12), incrementar la lucha contra los ecologistas y el movimiento indígena, ampliar la superficie cultivable de la Amazonia (es decir, destruirla a mayor ritmo) para mayor beneficio del agronegocio, ha nombrado al ultraliberal Paulo Guedes como superministro económico para privatizar todas las empresas estatales (Petrobras y Banco de Brasil incluidas), ha prometido proteger a los policías que maten con y sin razón, tipificar como terrorismo las protestas de sindicatos agrarios, abandonar el Acuerdo de París Contra el Cambio Climático (como Donald Trump), ha expresado su deseo de militarizar la enseñanza para lo que ha nombrado a un general como nuevo Ministro de Educación, además de tratar prohibir la enseñanza de ideas progresistas como la igualdad de género o el feminismo. Y con todo ello ha llegado una auténtica fractura social que ha partido el país en dos. Y lo que queda.  

En fin, llegan malos tiempos para Brasil, malos tiempos para la Amazonia, malos tiempos para todos. En 1941 el escritor austríaco Stefan Zweig huía a Brasil escapando del nazismo que se extendía por Europa. Al año siguiente acabaría suicidándose con su mujer en Petrópolis, pensando que el fascismo se extendería por el mundo. Hoy su predicción está más cerca que nunca de cumplirse, hoy no sabría donde huir. 

 

Estupor y Temblores (60) Jerusalem, el 'paso a la paz' de Trump

Oh, Jerusalén



Trump acaba de otorgarle a Israel un título de propiedad sobre la totalidad de la ciudad de Jerusalén casi tan valioso como el que los judíos religiosos afirman que está escrito en la Biblia. Su decisión causa un inmerecido dolor al pueblo palestino, añade gasolina a los incendios de Oriente Próximo y, por supuesto, viola el criterio internacional hasta ahora mayoritario. Desde 1947 la comunidad internacional contemplaba a Jerusalén como un caso especial, un corpus separatum, resoluble tan solo con fórmulas originales. En un primer momento, un estatuto de ciudad internacional; luego, su posible condición de capital de dos Estados, el existente Estado israelí y el jamás nacido Estado palestino. Por eso los países que sostenían relaciones con Israel establecían sus embajadas en Tel Aviv.

Quizá el único mérito que a veces tienen las decisiones de Trump es que dejan las cosas cruelmente claras. Su diktat sobre Jerusalén termina de un plumazo con tres quimeras que venían prolongándose demasiado tiempo. Una, la de una posible neutralidad de Estados Unidos en el conflicto israelo-palestino. Otra, la de la vigencia de un proceso de paz fallecido cuando un extremista israelí asesinó a Rabin en 1995. La tercera, la de la viabilidad de un Estado palestino en los bantustanes que le quedan a este pueblo en Tierra Santa.

Israel ha ganado. Por goleada y sin que nadie le chiste. De iure o de facto, es dueño de todo el territorio del Antiguo Mandato Británico en Palestina. Los palestinos –musulmanes y cristianos- que allí siguen viviendo lo hacen en una especie de reservas indígenas, cercadas por todas partes. Con Jerusalén ocurre lo mismo: desde que conquistara su mitad oriental en la guerra de 1967, Israel ha ido extendiendo y profundizando su control sobre toda la ciudad y todos sus suburbios, convirtiendo en guetos a sus tradicionales barrios árabes.


No existe la menor posibilidad de construir un Estado viable en el puzle compuesto por la franja de Gaza y las reservas palestinas de Cirsjordania. Basta con mirar un mapa para darse cuenta. Y sin embargo, la diplomacia europea ha vivido los últimos lustros haciendo como que seguían siendo posibles tanto la fórmula de los dos Estados como el sueño de un Jerusalén que fuera capital de uno y otro. Ese marear la perdiz les resultaba lo más cómodo.

No estoy diciendo que la solución de los dos Estados con Jerusalén como capital compartida no fuera la única razonable; los que hayan seguido mis andanzas por Oriente Próximo desde los años 1980 sabrán que la apoyaba con mi corazón y mi cerebro. Lo que estoy diciendo es que la persistente colonización israelí de Jerusalén oriental y de las mejores parcelas de Cisjordania ha terminado por hacerla físicamente imposible.

Así que afrontemos la realidad, aunque sea obligados por la brutalidad de Trump. Y la realidad es que solo hay un Estado en Tierra Santa, el israelí, y que ese Estado es dueño y señor de todo Jerusalén. Ahora bien, ¿qué ocurre con los palestinos que allí viven? ¿Van a seguir siendo parias en una tierra que durante siglos, si no milenios –palestino viene de filisteo-, también fue suya? ¿No se asemeja esta situación a la de los negros en la Sudáfrica del apartheid? ¿No piensa la comunidad internacional exigirle a Israel que conceda la plenitud de derechos civiles, incluido el voto, a los árabes de los territorios conquistados en 1967 y que, medio siglo después, siguen sujetos a su gobierno?

Quizá el de Trump termine siendo un regalo envenado para Israel. Porque, como ya intuyó Edward Said, el conflicto de Tierra Santa está dejando de ser uno entre dos aspiraciones nacionales en un mismo espacio para pasar a ser el de una minoría oprimida en ese espacio. Y esto último solo tiene una solución civilizada: la que sellaron De Klerk y Mandela para Sudáfrica, la igualdad que a Israel le pone los pelos de punta.

Estupor y Temblores (58) Catástrofe consumada

Mi amigo Ignacio López Calvo (con esta imagen de arriba) e Iñaki Gabilondo nos ofrecen sus reflexiones tras el referendum (o lo que sea) que ayer se realizó en Cataluña y la lamentable actuación policial que intentó impedirlo en algunos lugares y que sólo sirvió para ahondar más en la brecha emocional de muchos catalanes con España. Como dice El Mundo Today "cientos de catalanes ingresados con la Marca España en varias zonas del cuerpo".

Viendo cómo se han desarrollado los acontecimientos no podemos por menos que estremecernos por este enorme desatino, que se suma a una larga lista de errores en más de una década por parte del ahora partido en el poder, el corrupto hasta la médula Partido Popular. No incluyo aquí a los propios independentistas ya que no me representan y lo que han hecho es (además de aprobar la ley del referendum laminando indecentemente a la oposición) manipular el descontento y las emociones de la gente para recoger para su provecho el fruto de las acciones e inacciones de un gobierno y un partido colaboradores necesarios, esenciales, en el auge y consolidación del soberanismo catalán. Algo por otra parte reconocido por los propios independentistas de siempre, que han visto engrosadas exponencialmente sus filas a fuerza de crisis, victimismos y los infinitos escándalos peperos. 

Soberanismo que, con la absurda y violenta actuación de la policía en estos días, ha conseguido sumar otro suculento agravio y que no se hable de que esta votación no haya superado ni en número de votantes ni de síes a la independencia respecto aquel 9N, quedándose -según su propio recuento- en poco más de dos millones de votos favorables a la independencia de un total de 5,3 millones de posibles sufragios, aprox. un 37% del total. Con este resultado sería un fraude manifiesto y una irresponsable temeridad una declaración unilateral de independencia como ya ha apuntado Puigdemont, un error histórico que nos condenaría a un escenario de ruptura que destruiría la sociedad catalana y ahondaría definitivamente la brecha emocional entre España y Cataluña.


La gestión de la cuestión catalana por parte de Mariano Rajoy y el PP ha sido dañina y contraproducente, aferrada a una totémica legalidad de un partido que las ha roto todas. Comenzó con la recogida de firmas contra el Estatut y siguió con el recurso del mismo ante el Tribunal Constitucional, que acabaría cercenando lo que los catalanes previamente habían acordado. Después, ya en el Gobierno y con mayoría absoluta, su negativa tajante al pacto fiscal y el rechazo a cualquier diálogo con contumaz cerrazón, lo que ha hecho que el independentismo sumara decenas de miles de nuevos conversos cada año. 

Y ahora, cuando el 1-O se acercaba, la vieja táctica de Rajoy de esperar hasta que el problema desapareciera por si solo no ha funcionado, como era de prever. Porque hay dos millones de personas (el 37% del censo electoral, concretamente) que se han asociado y organizado para ir a una carretera a cogerse de la mano y manifestando que se han estado manifestando durante estos años siguen y seguirán estando ahí, nos guste o no nos guste. Y tendría que haberse comunicado con ellos para intentar desactivarles políticamente, no ningunearlos durante años o echándoles encima jueces y policías. Porque esto sólo ha conseguido darles más pretextos para reafirmarse en sus victimismos, más argumentos con los que convencer a muchos indecisos. 

La declaración de Rajoy en la tarde del domingo, la misma mierda de siempre, volvía a demostrar su necedad política, su lejanía de la realidad y su nulo sentido como estadista. Estos y aquellos supuestos grandes patriotas son los que van a destruir su país, nuestro país. Ahora, con cada bando blandiendo sus banderas y sus agravios, sus prejuicios y su falta de empatía, sólo nos queda asistir, cada día más impotentes, más avergonzados y tristes, cómo se suceden los acontecimientos mientras España y Cataluña se siguen desgarrando cada día un poco más. 

La voz de Gabilondo (65) Catástrofe consumada


Vocabulario Fundamental. Extinción (42) Adiós a la era Obama


El momento, la proclamación del moronic Donald Trump como presidente USA, que tanto tememos se acerca y la era Obama (con la que comenzamos este blog hace 8 años) da ya sus últimos coletazos. El propio Barack Obama ofrecía hace unos días una emocionante despedida de sus incondicionales en el lugar donde todo empezó, Chicago. En su discurso de despedida repasaba su trayectoria, alertaba de las amenazas a la democracia (en la mente de todos un flequillo ridículo) y hacía un alegato por la inmigración, la creatividad y la igualdad de oportunidades.



Como leemos en la web Política Exterior: 'Si el triunfo de Barack Obama fue una enmienda a la totalidad de la presidencia de George W. Bush, la victoria de Donald Trump es la refutación de toda una época. Obama llegó con la promesa de cambio y, a la hora de su partida, deja la sensación de que el suyo ha sido un mandato, más que frustrado, frustrante. Idealista y pragmático a partes iguales, la acción política del 44º presidente de Estados Unidos ha estado marcada por las contradicciones, los éxitos y los fracasos. Con la llegada de Donald Trump su legado está en franco peligro de desmantelamiento'

Efectivamente, la era Obama está compuesta de luces, de acciones honestas y promesas cumplidas pero también de sombras, decepciones y esperanzas rotas. Cogió a su país con una economía al borde de la recesión, inmerso en la mayor crisis económica desde la Gran Depresión y en dos guerras provocadas por Bush Jr. que habían costado cuatro billones de dólares y la vida o la salud a miles de soldados estadounidenses; un país profundamente dividido por las desigualdades económicas y sociales y las mentiras y miserias morales de la doble Administración G.W. Bush.

En estos ocho años de mandato Barack Obama ha vuelto a recuperar la economía estadounidense reformando el sistema financiero y aplicando un ambicioso programa de estímulos económicos, factores ambos que han hecho alcanzar una tasa de paro inferior al 5% (técnicamente pleno empleo). Su ardientemente defendido programa de sanidad pública conocido como ObamaCare ha dado -ahí su crimen- cobertura médica a 20 millones de sus compatriotas (aún quedaron 30 millones fuera) pero Trump ya ha avisado de que intentará desmantelarlo en cuanto alcance el poder. De hecho el Senado ha empezado ya los trámites para ello.

Obama ha impulsado políticas de lucha contra el cambio climático, ha creado la zona protegida más grande del mundo pero también es el presidente que ha conseguido la independencia energética de los Estados Unidos a los lomos del auge del fracking, lo que ha tenido importantes repercusiones medioambientales y indirectamente ha impulsado hacia abajo los precios del petróleo, lo que a su vez ha fomentando su uso y aumentado la contaminación. Lo que ocurre con los Estados unidos es que por su magnitud y su peso en la economía y política mundial cualquier cosa que hagan tiene efectos a nivel planetario.

También aprobó una ley para prohibir la perforación petrolífera en el Ártico durante al menos 5 años, medida recibida con satisfacción por las organizaciones ecologistas pero esta prohibición puede ser anulada por Trump, que ha prometido aumentar las perforaciones off-shore. También ha anunciado que retirará los fondos comprometidos por EEUU para cumplir el Acuerdo de París sobre el clima, decisión que ahora puede tomar sin oposición, gracias al dominio republicano en ambas cámaras.

Ha habido temas en los que no ha podido hacer más por el bloqueo republicano como el cierre de Guantánamo, a pesar de haber firmado en enero de 2009 una orden ejecutiva para hacerlo o la lucha contra la proliferación de las armas de fuego en la sociedad estadounidense, una lacra que parece inevitable seguirá ocasionando miles de muertos cada año gracias a la tóxica labor de la NRA y el Partido Republicano.

En cuanto a la política abroad America, (en éste enlace la revista Política Exterior la analiza exhaustivamente) la Doctrina Obama ha dulcificado la imagen de los Estados Unidos en el mundo y sobre todo en Europa, lo cual no es poco tras la catástrofe que fue Bush. Condensando en una frase Obama ha sido el presidente de la contundencia diplomática y la contención militar. El Commander in Chief que acabó con Bin Laden y retiró la mayoría de tropas estadounidenses de las guerras de Bush, Afganistán e Irak pero que llevado de la real-politik se vio obligado a mantener una presencia de cierto número de soldados y fuerzas de élite en ambos países (requeridas por sus propios gobiernos) que se han visto necesarias para mantener la estabilidad en la lucha contra los taliban, Al-Qaeda y DAESH. 

También fue el único presidente USA en muchos años que ha criticado a Israel y no ha disimulado su falta de feeling con Netanyahu y su rechazo a los asentamientos y los colonos, quien impulsó el proceso de normalización de las relaciones diplomáticas con Cuba iniciado a fines de 2014 y logró desactivar el programa nuclear iraní a cambio de suspender las sanciones económicas internacionales sobre el país persa, lo que le ha permitido al país persa relanzar su economía. 

En los últimos días hemos de resaltar la conmutación de la pena restante a la ex-soldado Chelsea Manning, quien en 2010 filtró un número récord de documentos secretos a WikiLeaks y de quien dijo que ha cumplido ya una 'dura' sentencia a prisión.

Hay muchos que reclaman que debería devolver el Nobel de la Paz 2009, un regalo envenenado que nunca pidió y que asumió resignado sabiendo que su cargo no le permitiría ser muy pacífico. Ha sido en sus legislaturas cuando el presidente ha asumido la prerrogativa a ejecutar a cualquier enemigo de América sin necesidad de detenerlo o juzgarlo gracias al auge de los ataques por drones que han actuado sobre Yemen, Somalia, Pakistán, Afganistán etc, una forma de guerra ultramoderna que sigue produciendo lamentables daños colaterales, aunque también ha acabado con miles de objetivos legítimos para un presidente USA, para cualquiera que llegue al cargo. 

Se le ha acusado también de no haber actuado en Siria, de no haberlo hecho ni siquiera cuando el régimen sirio traspasó la línea roja que él mismo había marcado en 2012, la del ataque con armas químicas contra su propia población. 

Esto ocurrió de forma plenamente documentada cuando en agosto de 2013 las fuerzas de al-Assad usaron gas sarín en Ghouta -a las afueras de Damasco-, zona controlada por los rebeldes, causando la muerte de casi 1.500 civiles incluyendo más de 400 niños. Pero tras lo que parecieron preparativos de de ataques aéreos en forma inminente contra el gobierno sirio, Washington aceptó un acuerdo in extremis mediado por Moscú a través del cual Siria enviaba sus armas químicas a Rusia, país que junto a China ha bloqueado todas las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU contra Siria desde el principio de la guerra.


Los críticos afirman que esa decisión encorajinó al criminal régimen sirio y alentó a Rusia a apoyarlo decididamente, comenzando a lanzar sus propios ataques aéreos en apoyo al gobierno sirio, aumentando las tensiones entre Moscú y Washington y la apuesta de Putin sobre su aliado sirio, país en el que mantiene la base naval de Tartus y bases aéreas en Latakia. Pero esto hubiera terminado ocurriendo igual pues el curso de la guerra habría obligado igual a los rusos a intervenir decididamente al lado de al-Assad. 

Además, ¿qué hubiera significado haber intervenido en Siria? ¿haber desplegado tropas terrestres USA en el terreno? Eso sí hubiera sido un error descomunal, hacer otro Iraq en Siria, una posibilidad que habrá escalofriado a cualquier responsable militar norteamericano, ante la cual los ataques aéreos de la coalición internacional sobre objetivos de Al-Qaeda y el DAESH que llevan tiempo sucediéndose y minando su poder en el norte de Siria y Iraq se antojan razonables en un contexto bélico y geoestratégico altamente complejo y volátil. 

Ahora Rusia e Irán (con el inestimable apoyo de Hezbollah y otras milicias chiíes) llevan la iniciativa militar y su apoyo al régimen sirio se ha tornado decisivo para devolver a al-Assad el control de la mayor parte de la Siria útil. Pero aún queda mucha guerra y muchas cosas pueden ocurrir, aunque eso es tema de otro post que esperamos publicar en breve. 

Llega Trump: ¿Y ahora?

Con su salida de la Casa Blanca y la llegada de Trump se abre una época de incertidumbres y pocas certezas, aunque ya con los nombramientos de los que van a conformar el más alto nivel de su Administración, llena de militares empresarios multimillonarios (la fortuna de todos ronda los 35000 millones $) y otros ultra-conservadores se puede adivinar el retroceso a todos los niveles que puede sufrir con su gobernanza el aún hegemón mundial. E insistimos, su mala influencia la sufrirá también el mundo.

El Obamacare, Siria, Ucrania, el medioambiente, Rusia, el cambio climático, Cuba, México, Irán, Israel y Palestina, su machismo recalcitrante, su polémica relación con la prensa etc son temas en los que Trump puede liarla y muy probablemente lo haga. 

Él y su Gabinete representan a la derecha política más reaccionaria y al poder económico desmesurado, son la cara del fascismo en América y su triunfo el reflejo del descontento de los prejuiciosos y haters pero también representan la venganza de la clase media perjudicada por la globalización o idiotizada por la Fox y la religión. 

Porque parece claro que Estados Unidos está ahora más dividido que nunca y según vayan surgiendo las polémicas, los enfrentamientos y la previsible resistencia de la sociedad civil la brecha entre una y otra parte se va a seguir ahondando.

Pero Trump no la única amenaza que va a desquiciar el orden mundial en los próximos años, son Theresa May, Vladimir Putin, Tayip Erdogan, Rodrigo Duterte, Bashar al-Assad, Abdelfatah Al-Sisi, Xi Jinping, Viktor Orban, Marine LePen, Benjamin Netanyahu y otros apologetas del odio, tiranuelos que medran por todo el planeta, es el cambio climático que no cesa ni cesará (menos con un negacionista climático confeso como Trump) y va a poner el mundo patas arribas. 

Nos esperan tiempos muy difíciles. Lo que va a empezar a ocurrir a partir de este viernes no lo hemos visto nunca. Ni siquiera con George W. Bush, otro subproducto de lo peor de esa América que proclaman y que sin embargo también le ha criticado, síntoma de las dificultades del neoyorquino para lograr el apoyo de los líderes del partido. 

El contraste entre uno y otro presidente va a ser brutal y así empezaremos a valorar en su justa medida al que ahora se va. Adiós Barack Obama (y Michelle , otra crack), os vamos a echar de menos. 



P.D. Les dejamos con 'Obama out', la visión que En Portada (un clásico en este blog) nos ofrece de la extinción de la era Obama. Si quieren profundizar en su legado les recomendamos este Especial de la Revista de Política Exterior, una antología de 25 artículos que repasan sus ochos años en la Casa Blanca.

En Portada - Obama out

       
        Obama Out

Estupor y Temblores (51) Trump o el horror


Hace ocho años daba sus primeros pasos este blog con la elección de Barack Obama, celebrando que lo mejor de Estados Unidos le hubiera elegido y participábamos de la ola de esperanza que recorrió el mundo tras la nefasta época Bush Jr. En ese momento de creación y alegría nada nos hubiera hecho sospechar que ocho años después estaríamos viviendo este inquietante momento, con un fulano como Donald Trump sucediendo a un Obama (cuyo mandato abordaremos en un futuro post) con altas cotas de popularidad, tras evitado a su país caer en la recesión, sacado de dos terribles guerras, otorgado cobertura sanitaria a millones de personas y creado casi 12 millones puestos de trabajo. Ya en una entrada de este verano habíamos tratado sobre Donald Trump y sus mentiras y hace unos días expresábamos nuestro temor a que a lo peor de la democracia y pueblo estadounidenses (y su arcaico sistema electoral) le diera por expeler esta rancia y descomunal flatulencia que ha recorrido -y estremecido- el mundo. 


Abstención decisiva

Porque no nos esperábamos que realmente Trump pudiera ganar. Nadie se lo esperaba (probablemente tampoco él) y de ahí el desconcierto y el estupor que han seguido a su elección hayan sido monumentales. Comenzando por los republicanos que pensaron que saldría derrotado frente a alguno de los otros candidatos de las primarias republicanas. A pesar de que Clinton ganara en el voto popular, el obsoleto sistema electoral estadounidense ha vuelto a otorgar la presidencia a un republicano, como ya ocurriera en el 2000 en la muy irregular y tristemente histórica votación entre George W. Bush y Al Gore. Pero aceptando esa limitación del sistema, otra de las más importantes claves de la victoria de Trump ha llegado tanto por el inopinado apoyo que le brindó una tercera parte de los latinos que acudieron a votar como por la decisiva abstención del 45% del electorado, millones de personas desencantadas con la candidata demócrata (que tendrá que hacérselo mirar), con el mismo sistema político y social estadounidense o desanimados por los complejos sistemas de votación de cada estado o porque era día laboral, lo que siempre perjudica más a quien tiene peor calidad de empleo. 

Probablemente muchas personas de los millones que no acudieron a votar no se tomaron en serio la amenaza, creyendo que las encuestas, ese mecanismo manipulador, escondían una victoria clara de Hillary basada en un supuesto apoyo masivo de mujeres, negros y latinos en la mayoría de los estados clave. Y luego otra vez los errores de tantos expertos, sondeos, encuestas y ataques de los media estadounidenses y extranjeros. Por equivocarse se han equivocado hasta quienes pensaban/pensábamos que la propia evolución cultural de EEUU le hacía un país más multicultural, urbano y socialmente progresista (como en los avances sobre el matrimonio homosexual, la legalización de la marihuana etc) y que eso le blindaba ante un candidato involucionista como Trump. 

Lo que ha de reconocerse es que el millonario neoyorquino ha sabido luchar contra las críticas y la hostilidad que ha recibido y ha sabido utilizar esa cobertura mediática hostil a su favor, perseverando contra todo y contra todos, incluido él mismo y sus bocachanclismos. Ha sido favorecido por millones de descontentos por una globalización que deslocalizó la gran industria de EEUU hacia los países asiáticos, por los perjudicados por las políticas neoliberales de desregularización, privatización, austeridad y acuerdos corporativos, que han visto cómo su nivel de vida ha caído en picado, que han perdido sus trabajos y pensiones, que han perdido gran parte de la redes de protección social y ven un futuro para sus hijos incluso peor que su precario presente. 

Había millones de personas que se sentían despreciados por los políticos de ambos partidos, millones de personas en busca de un líder, de alguien que les diera voz. De esta forma muchos han optado por la opción más populista, más cafre, más radical, por quien apelaba directamente a todo este sufrimiento. Pero por supuesto ha ganado también gracias al apoyo de esa parte de Estados Unidos, adoradora de Dios, el dinero y las armas que, digámoslo claramente, es pura basura.

Michael Moore en Trumpland

Parece que el único que supo anticipar la catástrofe es uno de quienes más han luchado por evitarla, el documentalista Michael Moore quien precisamente había lanzado su último (y muy divertido) documental 'Michael Moore in Trumpland' este mismo octubre. En él Moore se adentra en Ohio, uno de los estados más conservadores (cayó del lado de Trump) para intentar abrir los ojos a los que se estaban replanteando votarle. Durante uno de sus monólogos, habla de los peligros de una presidencia suya e intenta explicar a sus posibles votantes cómo las aspiraciones que tiene Donald Trump son completamente irreales y además pondrían en peligro el futuro de los Estados Unidos de América. Parece claro que no lo consiguió pero su documental es muy clarificador sobre la clase de gente que han aupado al neoyorquino a la presidencia y no todos son racistas y/o rednecks paletos






Lo puto peor

Pero él si lo es. Racista y xenófobo, sexista, homófobo y misógino, euroescéptico, fanático negacionista del cambio climático, apoyado por el Ku Klux Klan y apologista del Manifest Destiny, el determinismo de una nación predestinada por designio divino a convertirse en el hegemón mundial y dictar la forma de relacionarse con el resto de naciones. 

Trump es un hiper-subproducto de la peor cara de la América estadounidensecriado desde pequeño para mandar, para ser millonario y poderoso, para formar parte de ese 1% que succiona al resto y obtener todo lo que siempre ha querido por la fuerza del dinero, el poder y la intimidación. 

Porque que nadie se equivoque con sus formas mesuradas en el discurso de victoria y su primer encuentro con Obama ya que en estos dos meses de transición, mientras la saliente Administración se va despidiendo y él va conformando la suya propia, él sabe que ha de comportarse institucionalmente para desconcertar a sus adversarios y parecer presidenciable, para no alarmar a los mercados y desinflar el ímpetu de las numerosas protestas contra su elección. Y ya le tocará ser él mismo a partir de enero. Probablemente sea más pragmático en ciertos temas que en campaña porque no nos olvidemos que lo que más es Trump es un capitalista integral y los negocios se llevan bien con los negocios, business (esa palabra tan yanqui) is business

Su promesa de construir un muro en la frontera con México y de deportar a todos los indocumentados podría impactar en millones de familias pero es complicado que pueda realizarse toda vez que muchos de ellos son esenciales para la economía del gigante norteamericanoSu intención de renegociar los acuerdos comerciales, su retórica aislacionista y su nula experiencia de gobierno dibujan un paisaje muy incierto más allá de que pueda o quiera realizar todas las extravagancias que ha soltado en su campaña electoral. De hecho se da la gran paradoja de que es que la primera vez en que quienes intentan defender en público su próxima legislatura lo hacen argumentando que no cumplirá lo prometido en campaña. De primeras ya ha anunciado un plan de construcción de infraestructuras de 500.000 millones de dólares y la derogación de la reforma sanitaria que ha dado cobertura sanitaria a millones de personas y que tanto esfuerzo costó a la Administración Obama aprobar. 

En las apuestas para su gabinete ya se barajan nombres como Rudolf Giuliani, Newt Grinwich, Chris Christie e incluso la falaz Sarah Palin, o sea para echarse a temblar. Ignacio Escolar apunta en este artículo a los ocho hombres que quiere para el Tribunal Supremo entre ellos a jueces anti-abortistas, pro-armas, anti-servicios sociales, anti-regulación y anti LGTB. 

Su vicepresidente será Mike Pence, creacionista reconocido, que se autodefine como 'cristiano, conservador y republicano. Por ese orden'. Este es el nivel. Teniendo en cuenta que además el partido republicano va a tener el control de la Cámara de Representantes y el Senado, Trump va tener en su mano todos los resortes de poder de la primera potencia mundial y muchas ganas de dejar su tóxica impronta en la historia de su país y del mundo tal y como las conocemos. Va a poder comportarse como el PP en España en la primera legislatura Rajoy, aunque quizás se dé la circunstancia de que algunos congresistas o senadores republicanos no apoyen algunas de sus propuestas más absurdas y dañinas, a diferencia de cómo opera la derecha española, todos a una, sin disidencias y prietas las filas. De cualquier forma, miedito y mucho.

Trump como síntoma

En uno de los análisis más lúcidos y profundos sobre la victoria de Trump (y de otros como él en Europa) Iñaki Gabilondo -quien si no- apuntaba al voto de castigo de las masas perjudicadas por la globalización o idiotizadas por la ignorancia que se ven atraídas por discursos simples, demagógicos y populistas de salvapatrias como Trump, de quienes apoyaron el Brexit o quienes desde la extrema derecha acechan en países como Francia, Reino Unido, Hungría, Italia o Alemania llevando discursos muy parecidos:



De esta forma Trump podrá convertirse en un nuevo Reagan -a quien admira y a quien copió el slogan 'Make America great again'-, aquel que construyó junto a Thatcher la revolución conservadora de los ochenta que daría al capitalismo su forma más radical y depredadora, el neoliberalismo (que inspiraría en clave nacional a Aznar y Esperanza Aguirre) y el hiperconsumismo que lo ceba y que en aquellos años cebaría la terrible crisis que nos estallaría en 2008, hasta ahora.

Con su elección se frotan las manos ultraconservadores, evangélicos, constructores, las grandes corporaciones, banqueros y petroleros, la industria bélica, el Tea Party, desarrollistas descerebrados, fundamentalistas de la Escuela de Chicago, del dinero y la narrativa del triunfo, de los ganadores vs. perdedores, con su elección suben en Bolsa farmaceuticas y constructoras y bajan las empresas de energías renovables. Parece claro por dónde va ir la cosa. Pero además es de resaltar la lamentable pedagogía de su triunfo que está propagando que este es es el modelo a seguir; así el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu ya ha dicho que los palestinos para él son como los mejicanos para Trump y ya habido tensiones sociales y niños de instituto insultando a compañeros hispanos con lo del puto muro.

En cuanto a cómo se ha tomado el mundo su elección la mayoría de los gobernantes europeos se han aberrado interiormente pero han tenido que tragarse el sapo de reconocer su victoria. Sin embargo más al Este lo que algunos ucranianos (como este cretino) y muchos rusos, como Putin, piensan es esto:



Closing Time

En fin, esperamos que la sociedad estadounidense se organice para resistir esta legislatura mientras vamos asimilando la triste realidad que supone su llegada y nos preparamos para lo que venga después de enero miramos a lo que tenemos en casa y vemos que, en España, las cosas no son mucho mejores. Como decía en su Facebook el gran Nacho Padilla

"Tampoco os pongáis así: Pondrá una valla como en Melilla, abrirá CIES, irá a manifestaciones en contra del matrimonio homosexual, hará una ley mordaza, permitirá campar a sus anchas a la corrupción, negará el cambio climático (tampoco creo que se vuelva loco y le ponga un impuesto al sol), hará política contra el aborto, quitará lo que se haya avanzado en sanidad pública, primará la educación privada, intentará igualar feminismo y machismo, a la mínima se envolverá en la bandera, todo el que le lleve la contraria será un potencial terrorista, gobernará contra las minorías y para el 1% ... nada que no hayamos visto aquí y mirad qué sol hace, joder." 


Absurdeces, bocachanclismos y otros extravíos (33) 26J, España se ventosea


Los resultados del 26-J sólo pueden definirse como una auténtica hecatombe, en consonancia con la corriente llamada liberal que siguen la práctica totalidad de los países de la UE, apuntalada por el populismo xenófobo de extrema derecha que crece como la espuma, y que taimado, desde el disimulo, aparece de vez en cuando como en ese voto del Brexit para crear barreras que eviten la contaminación del forastero. Hoy se analizan los resultados como las cuentas de las empresas. Se estudian una vez más las diferentes estrategias llevadas por los partidos en campaña porque este juego, por encima de todo, va de ganar. Se establece la guerra de las marcas, creándose una perversión en la rivalidad, una lucha en la competencia que deja los intereses del ciudadano al margen.

La cara de los representantes de Unidos Podemos cuando salieron a la palestra evidenciaba, como luego ratificaron en su discurso, una gran decepción ante la imposibilidad de liderar el cambio inmediato que urgía en este país. No es de extrañar el batacazo moral porque los sondeos de forma unánime les daban muchos más escaños. El último del diario El País vaticinaba 93, es decir 22 escaños más de los que han obtenido. Se han debido quedar pasmados. También Ciudadanos han sido perdedores en esa noche, pero en este caso eran muchos los que pensaban que su pacto con el PSOE les iba a pasar factura y que algunos votantes se volverían a la marca matriz.

Por otro lado eran muchos los analistas que creían que al PSOE le iba a pasar factura su pacto con Ciudadanos, y así ha sido aunque no lo parece porque estas eran elecciones matrioska, o huevo Kinder, había un plebiscito dentro de un plebiscito. Se jugaban dos partidos a la vez en la misma cancha. De hecho, sus rostros al salir a atender a los militantes y a los medios de comunicación tras el recuento de votos, reflejaban una sensación de victoria que no se explica sino por su particular duelo con Unidos Podemos, del que han salido claros vencedores.


Paradójica alegría en las filas del PSOE mientras el resultado se presentaba escalofriante. Triste. Lo nuestro va bien, parecían querer decir con sus gestos los que rodeaban al líder. No nos van a hacer un ERE. A pesar de haber obtenido un resultado peor aún que el del 20-D, que a su vez era el peor desde 1977, bajando tanto en votos como en escaños, celebraban el triunfo de su pulso personal contra los que deberían ser sus aliados naturales que, de hecho, les proponen pactar una y otra vez, y a los que hacen oídos sordos. Salvar la marca parece ser su prioridad, que España se salva sola. Ya cosecharemos los restos que dejen los que nos preceden.

Tuvo Pedro Sánchez palabras de reconocimiento hacia Rajoy por su victoria y no desaprovechó para cargar de nuevo, también en esa noche, contra los que ha convertido, por desgracia para los más desfavorecidos, en su principal rival, que ya no es la derecha de este país, sino la que él considera su competencia directa: Unidos Podemos. A Pablo Iglesias, que le llamó, no se le pone. Dijo, sin embargo, que había hablado con Rajoy para felicitarle. O sea, que cobertura tenía. Pues nada, si esa es la cuestión habrá que felicitarles porque, en efecto, han ganado su pelea, que no es la nuestra. También ha ganado su pulso personal contra Susana Díaz ya que en Andalucía, donde gobiernan con el apoyo de Ciudadanos, han pasado a ser la segunda fuerza, con lo que la candidata natural a la Secretaría General del partido tendrá que rebajar los humos. En fin, es un extraño triunfo, la sensación debe ser parecida a la que se tiene cuando se alcanza la victoria después de haber dejado el terreno calcinado. Nada hay que recoger.¿Qué va a hacer ahora? ¿Querrá Rivera reanudar sus idílicas relaciones cuando se recupere del palo que se ha llevado?

Por otro lado, los auténticos vencedores, el PP, salen legitimados con el apoyo de las urnas. Partidarios de la absolución de los pecados, siempre entienden las elecciones como una amnistía. Según su particular ideario, el pueblo, con su voto, perdona los pecados de la cofradía del hurto. Ahora toca arreglar los asuntillos con la Justicia de la manera más eficaz posible y recolocar los cargos que pueden echar un cable en los lugares estratégicos, tal y como tienen por costumbre. Si la Policía va bien y la Fiscalía va bien, la Justicia va bien.

No tienen asegurado el Gobierno, a pesar de celebrar el resultado como si de una mayoría absoluta se tratara. Cuando se les pase la resaca electoral tendrán que enfrentarse a la antipática realidad de los números que, de nuevo, no dan. Pero sin duda, su gran victoria ha sido comprobar el retorno de los hijos pródigos que les castigaron la vez anterior, pero que entienden cumplida la penitencia y regresan a la casa común de la derecha de la que salieron contra su voluntad.

Este partido tan peculiar que en cualquier país de nuestro entorno sería marginal, por la gran acumulación de delitos de corrupción acumulados y el aberrante uso que hacen de las instituciones en favor propio y contra sus rivales, ha vuelto a ganar las elecciones.Es el triunfo de la inmoralidad al servicio de una corrupción que amenaza con volverse sistémica y endémica. Ya circulan chistes en el sentido de que les han faltado un par de casos de corrupción para alcanzar la mayoría absoluta, porque su electorado entiende esta picaresca choricera como una anécdota, un pecadillo menor, una tara insignificante en comparación con la debacle que supondría el triunfo de los bolivarianos populistas que nos traerían a Maduro a festejar la victoria.

Por suerte para ellos, también cuentan con los medios de comunicación y el principal partido de centro izquierda para evitar esta expansión de los extremistas, cuya escalada al poder ha quedado frenada por el voto de los llamados moderados, que nos traerán más leyes mordaza, más corrupción, más privatizaciones y más desmantelamiento de la cosa pública en beneficio de sus colegas empresarios, fuentes de riqueza infinita que manan hacia dentro, creando inmensos lagos de opulencia perfectamente embalsados y canalizados en trasvases a paraísos fiscales donde descansan los recursos de nuestros servicios públicos, contumaces fabricadores de déficit público.

El escenario es desolador y también comprobar que el mundo de las ideas no tiene cabida en este juego. Las estrategias de las marcas se imponen a las necesidades de los ciudadanos. La amoralidad de los corruptos cala como lluvia fina en sus adeptos, defensores y votantes, que acaban siendo un reflejo de sus líderes, con todas sus consecuencias. Consecuencias que pagan los ciudadanos honrados que se niegan a arrojar sus principios en la hoguera de lo pragmático, y se ven obligados a presenciar y padecer este lamentable espectáculo del todo vale, a reconocer la decadencia del país en el que habitan, y a aprender a coexistir con aquellos que con su voto les obligan a vivir en un estercolero.

La voz de Gabilondo (65) España, estatua de sal